Game of Thrones… entre Poniente e Itaca.

Game of Thrones… entre Poniente e Itaca.

Evidentemente GOT fue un viaje, toda saga lo es; un largo viaje que a diferencia del de Odiseo no conocíamos su destino, fuimos amarrando las cargas en el camino y construyendo el puerto de arribo. Fue una mesa de juegos para desarmar y rearmar todas las pasiones que tienen su punto generador en la pasión por excelencia: El Poder, con todos sus vericuetos, manifestaciones y complejidades que le caracterizan. Una especie de sociodrama que supo aprovechar las ventajas de la escenografía medieval, a saber: El distanciamiento cronológico de hechos y tramas (a veces sugeridos, a veces con referencias francas y directas, a veces un compendio de sucesos reales) que genera una sensación de objetividad y en consecuencia de verosimilitud; y también y al mismo tiempo la deriva fantástica propia de la subjetividad pre-moderna, propia del Medioevo. Volvamos a Tzvetan Todorov (ya referido anteriormente): “Lo fantástico es la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural… Hay un fenómeno extraño que puede ser explicado de dos maneras por tipos de causas naturales o sobranaturales. La posibilidad de vacilar entre ambas crea el efecto fantástico”. Creemos que en el tratamiento combinado de estas dos posibilidades que ofrece el mundo medieval, radicó gran parte de los aciertos, y en consecuencia del éxito de la Serie, pero sin duda fue el “efecto fantástico” lo más atractivo y lo que impulsó la capacidad creativa de los productores-guionistas –y también de los fans-, bien cuando adaptaron a discurso cinematográfico los textos de George Martin (hasta la 6ta Temporada), bien en las dos últimas Temporadas, creando un desenvolvimiento de las tramas, respetuosamente coherente con la narrativa de base y brillantemente sorprendente en su desenvolvimiento final. Probablemente para todos un final inesperado, sin duda para muchos un final no deseado (trataremos de ahondar en esto en un próximo texto), pero indiscutiblemente un final para nada complaciente, lo que mucho se agradece, y un final inteligente y complejo, pero sobre todo coherente con lo que se contó desde el primer episodio de la primera temporada.

Dicho lo anterior podríamos plantearnos lo siguiente: Si fue tan coherente la Serie ¿dónde estuvo la sorpresa? No es que creamos que incoherencia y asombro son sinónimos, aunque se ha visto casos; tampoco creemos que coherencia y aburrimiento lo sean (también se ha visto casos). La virtud está en que en GOT las sorpresas fueron parte de la coherencia narrativa, y creemos que eso tuvo mucho que ver con el respetuoso manejo del tema medieval y por extensión de lo fantástico. Nunca la sorpresa fue forzada, siempre fue el resultado lógico (aunque sorpresa y lógica parece que no dialogan mucho) de la trama, de un devenir; queremos decir, la sorpresa nunca fue abrupta…sin que por ello perdiera su fuerza para asombrarnos. Si le prestábamos suficiente atención a la trama, ciertamente nos encontrábamos con la sorpresa, pero nunca con el abismo. Por ejemplo, todos los que resucitaron lo hicieron por alguna razón, y cumplieron su cometido, aunque eso tardara en verse, así que resucitar terminó siendo algo “normal”; casi todo lo que anunció Melisandre se fue dando, en diferentes grados y con algunas imprecisiones, ciertamente ¿pero es que acaso las profecías son infalibles?, entonces había que mirar atrás y ponerle atención a las palabras en su momento cripticas de Melisandre; en la Batalla de los Bastardos el ahogo de Jon nos ahoga a todos y sentimos que es el fin, pero no es el fin, y la resolución es absolutamente lógica, aunque nos resultó asombrosa, como lógico –y asombroso- es que sea Arya quien termine con el Rey de la Noche (cómo lo hace es otro cantar, que por cierto no desafina si pusimos atención a algunos regados datos a lo largo del viaje), porque solo quien es experto en la muerte puede matar a la muerte; el invierno, un constructo simbólico enormemente complejo (que hemos tratado de desenmarañar en los varios texto que acá hemos publicado) se personificó en un ser concreto, el Rey de la Noche, avanzó como avanza el invierno, y fue detenido por el influjo de fuerzas mágicas… ¿o es que todavía estamos creyendo que la ciencia de verdad puede con las fuerzas de la naturaleza? ¿es que acaso pensamos que el lenguaje de la naturaleza es un lenguaje racional?. Y la reina Targaryen ¿de verdad podía ser la ama y señora de los Siete Reinos? ¿Para qué? ¿Qué sentido tenía tantísima evidencia? ¿Es que acaso la historia no cambia, no evoluciona? ¿Es que acaso la memoria, que no es acción (de ahí el “estático” Brandon) no impulsa la acción y el cambio? ¿Es que se nos olvidó las palabras de Varys rogándole “No se convierta en lo que quiere destruir”; y Jon, el dubitativo Jon, San Jon ¿por qué un super héroe no puede no querer serlo? . Detengámonos en el punto álgido del poder, en la razón del Trono.

Crear un “mundo mejor” fue una idea que siempre rondó la cabeza de Tyrion (y estamos convencidos que la cabeza de Tyrion es la cabeza de los productores-guinistas de la Serie), idea que de diferentes maneras se manifestó en las conversaciones que sostuvo con Daenerys, con Varys, con Jorah Mormont, con Cercei, con Jaime, con su padre Tywin Lannister, con Jon Snow; y ese “mundo mejor” iba en dos direcciones: Primero era un mundo de Justicia (no olvidemos que Tyrion es un rechazado –pero no un resentido, he ahí su virtud- y, como dijo de él su hermano Jaime, “siempre ha sido el campeón de los oprimidos”), de reivindicaciones, lo cual, como ya hemos señalado lo conectaba estrechamente con Daenerys y también con el propio Jon Snow (ambos, en sus particularidades también rechazados); segundo, era un mundo sin guerras, lo que también lo acercaba de manera especial a Jon Snow para quien, a pesar de ser un guerrero, que sin ninguna duda lo era, lo más importante era la idea de la preservación, de la preservación de la vida, todas las batallas que libró, las libró con esa finalidad; siempre lo que más le importó fue vivir… por eso revivió.

En una oportunidad Jon Snow dijo: “Solo hay una guerra que importa… la gran guerra”, refiriéndose al enfrentamiento con los Caminantes Blancos (o al enfrentamiento de los polos vida – muerte), y eso lo llevó a tender puentes y llegar a acuerdos con enemigos, enemigos culturales e históricos como los Salvajes (San Agustín dijo que los salvajes son “pueblos monstruosos”… hasta ellos llegó Jon Snow para salvarse y salvarlos), enemigos como los Lannister y como Daenerys (los Stark siempre fueron los que más se opusieron a los Targaryen), porque esa guerra lo era para preservar la vida, realmente lo más (¿único?) importante, mientras para –casi- todos lo demás lo más importante era el poder. Y Jon Snow regresó de la muerte para qué ¿para ser Rey? No, para, como líder que construye, juntar fuerzas que le permitieran combatir la muerte (el Rey de la Noche) y para sacrificarse en vida asesinando a su amor, que amenazaba convertirse en exterminadora (en Reina de las Llamas). Y ese amor por la vida, antítesis de la guerra, ya lo hemos dicho, juntaba a Jon y a Tyrion, que era un hedonista (del vino, las prostitutas, los libros y el diálogo… al contrario de Jon, que era un santo como ya hemos dicho… ¿San Jorge, quizá?). En una oportunidad Tyrion le dijo a Cercei: “No se trata de vivir en armonía,,, solo de sobrevivir”; luego cada quien se proveerá sus gozos según sus propios recursos… sobre todo él, el diablillo.

Fue precisamente la capacidad dialogante (inteligencia, astucia y formación) el principal recurso de Tyrion y lo que nos parece es lo que primeramente pretendían valorar los productores-guionistas de la Serie. Varys fue Consejero (Señor de los Susurros, encantador y esclarecedor calificativo) en varias Cortes, lo cual le daba el poder de ser “el poder detrás del poder”; Tyrion varias veces salvó su propia vida y la de otros gracias a su poder de convencimiento, a su labia, diríamos (si hubiese podido matar a su padre hablándole lo hubiera hecho; Tywin Lannister, otro brillante y peligrosísimo dialogante… como Olena Tyrel –hubo un diálogo brillante entre ellos-), y tubo en Varys su mejor amigo, ambos lo reconocieron a manera de despedida. Esa virtud que Tyrion y Varis compartían y tanto los acercó, la peligrosa capacidad de convencer… o manipular con la palabra, es lo que subyacía como discurso alternativo en GOT. La lucha por el trono se mostraba en las evidencias de la violencia, la sangre esparcida, la herida, las cabezas rodando, los cuerpos calcinados, pero también siempre se mostró que esa violencia era lógicamente destructiva, evidentemente destructiva, no podía ser de otra manera. Para qué sirve la destrucción y la muerte sino para nada, qué sentido tenía reinar sobre ruinas, qué cosa construye la destrucción.

Con Brandon como rey, Tyrion vuelve a ser el Mano del Rey, es decir el poder factico, el poder ejecutivo. Brandon es algo así como el poder simbólico… el poder moral tal vez, los referentes de la historia, las narraciones que ordenan la memoria; un poder menos abrasivo en comparación al poder por la imposición de la tradición y/o de la fuerza… el poder diluido en las aguas del pensamiento, el entendimiento, el convencimiento, un poder verdaderamente trascendente. Daenerys no podía quedarse como reina, eso significaba detener la historia, estacionar el proceso, frenar el tránsito que venía construyéndose. Daenerys al final como reina, significaba un final burdo y bruto, un final demasiado fácil, un final comercial para hacer una novena temporada.

Jon se va a donde le corresponde ir, al norte del norte, él, el lobo blanco que vivirá como un Niño del Bosque que siempre fue, sin padre reconocido pero hermano de todos. Sansa será la dama hermosa y elegante que desde niña deseó ser, lástima ahora será poderosamente hermosa y elegante… en demasía. Arya mira al horizonte que es como ver al futuro, siempre ha tenido en su mente Itaca, no ha llegado aún, pero sigue enriqueciéndose en el camino. Muchos años antes otro Brandon Stark, llamado el Constructor, construyó el Muro para proteger Poniente, ahora un nuevo Brandon Stark tiene un tercer ojo que le permite volar sin moverse, ser también un constructor, pero no de barreras sino de puentes para llegar a otro mundo, menos rígido, movible, creativo. Todo parece indicar que el transitar de ocho temporadas sirvió para superar una época que algunos prejuiciosamente llamaron oscura… de todas maneras el lugar donde se oculta el sol, el oeste del oeste, anuncia que el día renacerá, anuncia que hay un nuevo mundo.

 

PANCHO CRESPO QUINTERO

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