Las Campanas… o El Infierno

Las Campanas… o El Infierno

«Las velas de vidrio están ardiendo. Pronto vendrá la yegua pálida, y luego de ella los otros. Kraken y llama oscura, león y grifo, el hijo del sol y el dragón del titiritero. No confíes en ninguno. Recuerda a los Eternos. Desconfía del senescal perfumado»

(Profesía  de Qaithe Qarth, sacerdotisa de Assai, a Daenerys. GOT 2×7)

 

Las campanas repicaron para anunciar la rendición, pero terminaron abriendo las puertas al infierno. Las fauces del infierno se representan en parte como la boca de un dragón, probablemente la más bestial de todas las fieras, y como el infierno mismo también el poder puede destruirlo todo, hasta a sí mismo, como si fuera un dragón que empieza a comerse desde la cola. El dragón, por lo menos para Occidente, se asocia al principio del caos y al principio de disolución; el poder desesperado también conduce al caos, puede disolverlo todo. El poder enloquecido y el infierno terminan manifestándose de la misma manera. Desembarco del Rey y el Castillo Rojo, centro del poder en Poniente, creado por Aegón I Targaryen, El Conquistador, que también crea el Trono de Hierro (icono mismo del poder) con las espadas de los lores que derrota, fundidas por Balerion, su dragón (¿no se asemeja el Trono de Hierro a una corona de espinas? -disculpen tamaño inciso-), han sido reducidos casi en su totalidad a escombros y cenizas por otra Targaryen, Daenerys, la Primera con su Nombre, y por el objeto de sus fuerzas y ejecutor de sus excesos, Drogón, su dragón e hijo. La tormenta que recibe a la vida a Daenerys (recordemos, por ello es Daenerys de la Tormenta) se manifiesta ahora, más salvaje que nunca, en incansables lenguaradas de fuego, no hay truenos ni relámpagos pero si muchos incendios. Con Heráclito se dice que todas las cosas nacen del fuego y a él vuelven; pudiéramos pensar que la idea de Daenerys (en su perturbada cabeza… y perturbación no es necesariamente locura, aunque se parece bastante) es regresarlo todo a las cenizas para que renazca (como ella misma y sus dragones) ¿mejor? ¿fortalecido? no sabemos, ¿diferente?, sin dudas, la ciudad de Desembarco del Rey, el reino todo de Poniente y su poder concentrado en el Trono de Hierro. Quizá sea necesario sacrificar a una generación, pero las que vendrán estarán “libres de tiranos”, son sus palabras y es su motivación.

A pesar del fantasma de la locura en los Targaryen (la marca por la ancestral costumbre endogámica del incesto en esa Casa, y Daenerys es hija y nieta de hermanos), Cercei no midió correctamente la reacción de Daenerys. Como ya lo había dicho Tyrion refiriéndose a sí mismo, “cometió el error de las personas astutas, subestimó a su oponente”; ciertamente creyó (y nosotros con ella) que desesperando a Daenerys la haría cometer errores, creyó que enojándola la haría vulnerable… pero por prepotente la enojó más de lo debido, hizo que la bestia, aun teniendo las fuerzas reducidas, se mostrara en toda su desmesura.

Creyéndose predestinada como Mesías (“el príncipe prometido”… que Melissandre llegó a decir: “puede ser princesa”) Daenerys es lo que en términos actuales se llamaría “líder populista” (en la acera del frente estaría Jon Snow, que en palabras de Max Weber sería un “líder carismático”, con la particularidad de ser un líder que no quiere serlo; el drama casi shakesperiano de J.S. de ser o no ser). En su caris más populista, Daenerys ha insistido en mostrar que su principal interés es “el pueblo” (aunque su principal deseo sea el poder); un mundo mejor en el que no hayan tiranos que esclavicen, principio que “enamoró” a Tyrion (y probablemente también a Varys). Por cierto, de Tyrion su hermano Jaime dijo en una oportunidad (7×7): “siempre ha sido el campeón de los oprimidos”, de ahí parte de su empatía con Daenerys. En lo que respecta a Cercei, ella nunca mostró interés por el pueblo, muy al contrario mostraba desprecio, y como tirano típico que era, nada le importaba que el pueblo no la quisiera (Tyrion le hizo saber eso como debilidad en un gobernante). Por eso, y conociendo el ánimo de Daenerys, deja que el pueblo se refugie tras las murallas, con la perversa intención de usarlo como escudo y dice, refiriéndose a Daenerys: “Si quiere el castillo tendrá que asesinar a miles de inocentes primero”… y la bestia, lastimada y atemorizada, lo “asesina” todo.

En Daenerys se repite la historia de su padre. Aerys II Targaryen, mejor conocido como el Rey Loco por sus excesos, empieza quemando a algunos y le va cogiendo gusto a la carne chamuscada; la lógica reacción a sus manías, paranoias y sádicos excesos le va granjeando enemigos por doquier y empieza a ver, o a sentir, traiciones por todas partes, lo cual hace que entre en una espiral desquiciante que concluye cuando ordena quemar (con fuego valyrio) Desembarco del Rey, cual Nerón medieval, razón por la cual Jaime Lannister (que era el jefe de su Guardia Real) termina asesinándole, ganándose por ello el seudónimo de Matarreyes. Daenerys Targaryen también viene lentamente desequilibrándose desde que llegó a Poniente, y más concretamente desde que comenzó su relación con Jon Snow (su sobrino Aegón VI Targaryen-Stark), no solo porque se enamora de él (que ya bastante nos han dicho de los estragos que produce el amor), también porque en las primeras de cambio J.S. la distrae de su objetivo, que es el Trono de Hierro, embarcándola en otro conflicto, sin duda más trascendente porque literalmente es un conflicto de vida o muerte, pero que termina desgastándola. Paralelamente va teniendo algunos desencuentros con su primer asesor y Mano de la Reina, Tyrion. En alguna oportunidad Daenerys le dijo: “Sabes qué me agrada de ti… tú no eres un héroe. No quiero que seas un héroe, los héroes hacen cosas estúpidas y mueren” (por cierto, Arya le ha dicho a Sandor Clegane que no le gustan los héroes, aunque ella misma claramente esté despuntando como tal); pero Tyrion ha tenido algunos desaciertos en sus orientaciones guerreras (la guerra no es su fuerte, porque todas sus virtudes están en el diálogo), particularmente las referidas al enfrentamiento y estrategias para con Cercei, que han hecho que Daenerys le diga: “O eres un traidor o eres un tonto”. De paso pierde a dos de sus hijos-dragones, y por lo menos a la mitad de los Dorthrakys y de los Inmaculados; pierde a Jorah Mormont y a Missandei, golpes devastadores; cuando se pone racional sabe que, aunque mucho lo haya deseado, por descendencia el Trono no le corresponde a ella, y eso emocionalmente lo siente como un apuñalamiento múltiple y con alevosía. Se va agobiando por la idea de la traición, al igual que su padre: Cree que Jon Snow la traicionó, siendo que ella casi se le ha arrodillado suplicándole que no cuente la verdad de su identidad; dice que Tyrión la traicionó; incinera a Varys por traición (Varys sirvió a su padre, y a muchos otros, lo cual hace su historia larga, y aunque Varys le juró lealtad, hablar de él como traidor ameritaría algunos matices). Como si todo esto fuera poco, Daenerys sabe que no es querida en Poniente (básicamente por su condición de extranjera), precisamente ella, que viene a liberar al pueblo de sus agobios; es verdaderamente terrible, por decir lo menos, para quien se cree Mesías, que el pueblo no le quiera. Lo dice: “Yo no tengo amor aquí, solo tengo miedo”… y nada peor que un arma de destrucción masiva en manos de alguien que tiene miedo y que se sabe no querido. Cuando las campanas de rendición repican en Desembarco del Rey, parece como que Daenerys lo que ha escuchado son las palabras de Ollena Tyrell diciéndole: “Sé un dragón”… es eso lo que tañe en su cabeza.

La destrucción de Desembarco del Rey remite a tantas ciudades destruidas a lo largo de la historia y tanto inocente asesinado por la locura de los hombres. La ciudad, ese invento humano para ayudarnos mutuamente a darle respuestas a nuestras limitaciones, el espacio de la construcción en el sentido más amplio del término, en muchísimas ocasiones ha pasado a ser el más terrible cementerio, el lugar de las ruinas y de la ruindad. Una de las virtudes de GOT es haber sabido mostrar bellamente lo terrible (¿será eso una virtud?): La destrucción de Desembarco del Rey ha sido mostrada como una ópera dramática y trágica al mismo tiempo, épica y enternecedora. El infierno se hace presente en la ciudad… la muerte ha desembarcado ahí para reinar, pero qué sentido tiene reinar sobre ruinas y cenizas; eso lógicamente es algo que no puede contemplarlo la locura. Los hermanos Clegane (como se preveía) dan fin a su antiguo odio (bien sabemos que el más acendrado odio es el de los hermanos), y terminan donde ese odio empezó, en las llamas (quien quemó la cara del Perro fue la Montaña). Los hermanos Lannister, Cercei y Jaime (gemelos y a su vez hijos de primos… definitivamente no da buenos resultados el incesto), mueren tapiados por el derrumbe de la Fortaleza Roja, el derrumbe de la obsesión de Cercei; no podía haber mejor tumba para ella, al lado de los cráneos de dragón que los Targaryen guardaron ahí. Y no podía haber mejor muerte para esta trágica pareja. Jaime, que era un “hombre sin honor”, abraza a su hermana-amante por la que ha perdido todo honor posible y le dice: “Únicamente nosotros dos importamos”. Bien podríamos volver a escuchar la canción de Jenny de Piedrasviejas… en los salones de reyes que ya no están, Jenny baila con sus fantasmas.. y ella nunca quiso irse… nunca quiso irse.

Arya de nuevo ha danzado entre la muerte, y sin matar a nadie una vez más la ha vencido. Al igual que Jon Snow en La Batalla de los Bastardos, ella ha salido de entre el ahogamiento, como renaciendo. Baja al infierno en el que se ha convertido la ciudad, un laberinto infernal; sobre cadáveres y escombros, hogueras y quejidos. Entre la bruma que han dejado las cenizas y el polvo, un apacible caballo blanco parece estar esperándola… como una luz, como un mensaje, como la aurora. No lo tengo muy claro, pero se me asemeja a Juana de Arco… quizá ella sea Nuestra Señora de Poniente.

PANCHO CRESPO QUINTERO

 

Esta entrada tiene un comentario

  1. Estupendo! El texto nos recuerda detalles del capítulo (y de otros), pero más allá de recapitular momentos cruciales de la serie ofrece una interpretación que lleva a repensar nuestras presuposiciones respecto del desenlace final. Por ejemplo, nunca he creído que Arya reine en Poniente. Esperaremos a ver qué última sorpresa nos aguarda.

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