El invierno está aquí

El invierno está aquí

Creímos que tardaría en llegar, que tanto tiempo de espera probablemente develaría los misterios que sabemos siempre vienen con él, que los cuentos se colarían y se perdería la emoción, y el susto… pero no fue así. La espera durante un año más largo de lo normal no derritió la nieve ni diluyó la neblina, ni dejó de ocultar a los Caminantes Blancos; ciertamente no los vimos, pero estuvieron ahí todo el tiempo. El primer episodio de esta última temporada repitió “los aires” de la mayoría de los primeros episodios de las anteriores temporadas: Una sensación de que poco o nada ocurrió, cuando en realidad siempre son muchas las cosas que ocurren, de ahí que lo que más nos queda es incógnitas. La sensación con éste en particular es que fue muy corto, pasó demasiado rápido, como un paseo a lomo de dragones.

Las primeras imágenes son el blanco extendido de la nieve y un niño expectante que corre por entre el bosque (los bosques una vez más: La natruraleza, lo oculto, los misterios de lo que ya hemos hablado); ciertamente el invierno está aquí. Inmediatamente descubrimos que el niño lleva la curiosidad y el asombro, y también el temor, la alegría nerviosa de los niños cuando ven (veían) llegar el circo al pueblo… las cosas raras, desconocidas y atractivas van llegando, en este caso una larga caravana de extranjeros (los robóticos inmaculados, los terroríficos dortrakis) todos muy raros, y hasta un par de espectaculares y terroríficas fieras salvajes… aladas. Pero también comienza a verse entre los “invernalios” las expresiones de desconfianza y rechazo; sin duda son los menos citadinos de Poniente, los menos acostumbrados a los “intercambios culturales”, pero también no debemos olvidar que el Norte no olvida, y todos saben que quien acompaña a Jon Snow es una Targaryen.

Los “encuentros” (o reencuentros) fue lo verdaderamente significativo del episodio; tenemos la impresión de que gran parte de lo que acurra en lo sucesivo tiene en ellos su explicación. Se encuentran Cercei (interpretada inmejorablemente, como ha sido a todo lo largo de la Serie, por Lena Headley) y el cínico Euron Greyjoy, y como siempre quedamos con la inquietud -¿Qué estará tramando Cercei?-. Cercei es el prototipo de “el fin justifica los medios”. Se reencuentran el despersonalizado Theon (quizá el más triste personaje de toda la Serie, esto dicho a favor del personaje mismo y del actor, Alfie Allen) y su hermana Yara. Se reencuentran Jaime Lanister y Brandon Stark y sus miradas establecen un diálogo temible, en el que por supuesto las tiene de perder Jaime, por sus culpas y porque Bran le lleva un ojo de ventaja, aunque tenemos nuestras dudas de que efectivamente Bran recuerde el empujón que siete temporadas atrás le echó el para aquel entonces muy malvado Lanister. Se reencuentran Ayra, El Perro y Gendry. Gendry forja un hacha de vidriagón para El Perro, con la que seguramente volverá polvo cósmico a muchos Caminantes Blancos; Arya y El Perro se odian pero también se respetan, y con el arma que le pide a Gendry que le haga seguro se pondrá hombro a hombro con El Perro (bueno, cabeza a rodilla) en el exterminio que harán de los muertos; Arya muestra su picardía femenina con Gendry, lo que avizora que algo más que el interés por las armas los unirá. Se reencuentran Sansa y Tyrion, pero ahora se reinvierten los papeles, el control, el conocimiento, el poder lo tiene Lady Stark ante un Tyrion casi apenado e inseguro; además, están en el territorio de ella. Sansa lo “remata” cuando le dice –Yo te creía el hombre más inteligente del mundo-, fustigándolo por creerle a Cercei (y lo dice ella, que quizá sea quien mejor conoce a Cercei, a quien extrañamente pareciera que cada vez se parece más). De todas maneras esta pareja promete, hacen buena pareja; no olvidemos que Tyrion es el único hombre que ha tratado con verdadero respeto a Sansa.

Se reencuentra, en momentos diferentes, Jon con sus tres hermanos-primos. Primero con Brandon, a quien besa sinceramente emocionado, y aunque Brand es emocionalmente gélido (Brand ya no es “de este mundo”) una ligera complacencia se le nota. Se reencuentra con Arya, su “hermanita del alma”, quienes se habían perdido desde la 1ra temporada, la que le pide no olvidar que él pertenece –a esta familia– a la que se debe y por la que es lo que es, a pesar de muchas cosas. Se reencuentra con Sansa, quizá el más conflictivo de todos los encuentros, ya que ella le recrimina haberse arrodillado a una Targaryen (sin mencionarlo, pero como el Norte nunca olvida, teniendo como referencia a Torrhen Stark, el último Rey en el Norte que se arrodilló ante Aegon I Targaryen), olvidando su condición de Rey en el Norte y traicionando a sus lores o abanderados de las Casas norteñas. Jon Snow, que es un mar de tormentas ante los compromisos adquiridos y los adscritos, intenta explicarle, como antes lo ha hecho ante sus abanderados, que los títulos no importan, que lo verdaderamente importante es salvar al Norte que es lo mismo que salvar la vida, y que rechazando posibles aliados no se gana una guerra. Las lealtades tambalean cuando la muerte asecha. Y para terminar de oscurecerle el día al señor de las tormentas, hay el reencuentro de Jon con Samwell, en el que este último le confiesa lo que ha descubierto en los libros y confirmado en las visiones de Brand: Jon es Aegón Targaryer Stark, el Sexto con su Nombre, Príncipe Prometido y Rey Heredero del Trono de Hierro. Pero ante tamaña noticia lo que verdaderamente perturba a Jon es darse cuenta que el pulcro Ned Stark lo haya engañado haciéndole creer que era su padre, a lo que Samwell le explica que no fue un engaño, sino muy al contrario su salvación.

A pesar del momento rosa del paseo entre las nubes y las nieves de los novios “cabalgando” dragones (entre otras, Dahenerys debió haber mostrado algún asombro por la aceptación del dragón a Jon), fílmicamente bien logrado pero perturbadoramente dulzón, el episodio concluye con una escena dantesca en la que Cuervos y los últimos defensores del Muro (Tormund y Beric Dondarrión, entre otros) en el Castillo de la Casa Umber encuentran clavado a la pared el cadáver, que revive como no muerto, de Ned Umber, el niño que ha quedado como Lord de esa Casa, en una composición mitico-ritual (una especie de mandala) que identifica a los Caminantes Blancos. No olvidemos esa imagen, que se nos presentó también en el 1er episodio de la Serie, y en los jeroglíficos de cueva de vidriagón en Roca Dragón… muchas muertes anuncian los muertos porque el invierno ya llegó.

PANCHO CRESPO QUINTERO

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