Por qué nos gusta tanto Game of Thrones (…y III)

Por qué nos gusta tanto Game of Thrones (…y III)

¿Por qué nos inquieta que el mapa esté incluido en el mapa y las mil y una noches en el libro Las Mil y Una Noches? ¿Por qué nos inquieta que Don Quijote sea lector del Quijote y Hamlet espectador de Hamlet? Creo haber dado con la causa: tales inversiones sugieren que si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores, podemos ser ficción

 

El Maestre Jorge Luis Borges, autor del epígrafe que antecede, lo dice con precisión milimétrica y encanto desbordado… a nosotros nos ha llevado tres entregas, con la presente, intentar algunas respuestas a la pregunta que les ha dado título y sabemos que lo único que hemos logrado ha sido generar nuevas preguntas, cuando no perdernos -gustosamente- en el laberinto que es la Serie y enredar y desenredar la madeja de nuestros propios pasos. Nos gusta pensar que ahí radica nuestro encantamiento por la Serie: Somos felices sabiendo que en el centro del laberinto está la joya de la corona, el Trono de Hiero; pero no queremos cruzar la última esquina, abrir la última puerta (aunque también leemos los libracos escondidos en la biblioteca de nuestra Ciudadela particular), confirmar que se derretirá por el fuego que en su momento lo forjó o se partirá congelado por el hielo… o nada pasará, y seguirá hasta el fin de los días como suponemos que es, como el Grial.

La señales medievales: Insistimos con la Edad Media porque consideramos que en la “reinterpretación” que hace GOT, y las posibilidades que para ello abre la propia Edad Media, radica principalísimamente el atractivo de la Serie. Alrededor de mil años duró la Edad Media, y a pesar de su extrema lentitud (era una época en la que ni la Tierra se movía), no fue todo igual durante ese tiempo; GOT toma señales de toda ella y haste de mucho antes (no olvidemos que Canción de Hielo y Fuego es una historia de poco más de 12 mil años), aunque como hemos señalado en nuestra anterior entrega, a lo que más pudiera asemejarse es al último siglo de dicha época… pero tal precisión pudiera ser innecesaria.

Si algo resalta en GOT con un manejo estético adictivo, es la rudeza de las acciones, la áspera crueldad de la mayoría de ellas, cotidianidad en la Edad Media, a pesar de la Orden de Caballería que alguna elegancia y mucha bondad pretendía. La muerte natural no existe en GOT, las pestes y las hambrunas de la Edad Media en GOT se convierten en la violencia más descarnada, todas las muertes son violentas porque a ellas se llega o por el extremo de las pasiones o por el extremo de las necesidades (el hambre o la preservación de la vida misma). Al igual que en la Edad Media, hay una vehemencia de la codicia, el espíritu bélico y la sed de venganza, lo cual contribuye ricamente a la leyenda, que es lo que en resumidas cuentas da el tono a GOT. Leyendas de Casas con todas sus marcas, blasones, estandartes y símbolos, la heráldica y las hermandades, los apellidos, las estructuras humanas rígidamente jerarquizadas y cerradas hasta que hay la necesidad de expandir o reforzar el poder, entonces no hay amor sino convenios, arreglos, transacciones. De ahí todo interés, toda motivación ronda el control de los territorios y quién los controla. La posesión de la tierra es lo que da poder real en la Edad Media y el control de los Siete Reinos (siete extensiones de tierra) en GOT es lo que más se codicia. Y así como en la Edad Media parece no haber existido ningún mal del que se tuviera más consciencia que de la codicia, en GOT ese es el ánimo principal de todas las Casas, de todas menos de la Casa Stark. En términos reales a la Casa Stark no le interesa el Trono de Hierro, le interesa solo el Norte, y concretamente la preservación de Invernalia. Ese desinterés por el control de Poniente pudiera ser una característica general de los norteños, probablemente los más antiguos pobladores del Continente (recordemos que el primer Brandon Stak construyó el Muro ocho mil años antes de todo este cuento). Del Norte son los mayores misterios y el Invierno (que casi es lo mismo), y de ahí la Naturaleza y los Niños del Bosque (que creemos es lo mismo), y de ahí los Hombres Libres, que malamente se les comenzó a llamar “Salvajes”, muy probablemente por el puro hecho de ser nómadas. Pero todo esto es otra historia que ameritaría otro texto.

Si en algo se tocan y retocan la Edad Media y GOT es en la aureola de aventura y pasión que marca la cotidianidad de caballeros, damas, lores, príncipes, reyes donde los haya, religiosos y hasta en los personajes más simples; inventadas en la Edad Media donde transitaban libremente por la necesidad de fantasía, absolutamente reales en GOT donde la verosimilitud con la que se muestran no deja espacio a la duda. Había en la Edad Media y hay en la Serie una especie de “desenfrenada extravagancia” (al decir de Johan Huizinga para la EM) de las pasiones y las intrigas, de lo que, sin caer en efectismos, GOT se permite algunas licencias para mostrar los extremos que ciertamente se dieron en la Edad Media, pero que quizá no eran tan visibles. “Licencias sexuales” en todas sus variantes y con todas las consecuencias (por ejemplo la bastardía, que era casi una institución en la Edad Media, y tiene presencia importante en GOT); el honor y su contraparte las trampas y traiciones; las intrigas palaciegas en las que, como siempre ha sido, vale todo, es decir todo.

Por último señalamos rápidamente el llamativo tratamiento que de la religión se hace en GOT. En la Edad Media una única y absolutamente reinante religión, pero infinidad de sectas, todas cristianas pero todas perseguidas en diferentes grados por la jerarquía. En GOT hay los Antiguos Dioses (las fuerzas de la Naturaleza), los Nuevos Dioses que es la Fe de los Siete (donde vimos que había fundamentalistas que por fortuna Cersei purificó en el más endemoniado de los fuegos), los creyentes en el Dios Ahogado, R´holl o Señor de la Luz, y el Dios de Muchos Rostros… y hasta algunos ateos sueltos hay. Todas las religiones existen sin contraponerse unas a otras, aunque pareciera que la religión oficial del Trono (Desembarco del Rey) es La Fe de los Siete.

Por supuesto muchos cabos quedan sueltos y el Gran Invierno se acerca… algo así como la noche más oscura. Ojalá tengamos una nueva oportunidad para develar algunas cosas sobre el Fuego y el Hielo; de no ser así recuerden: Valar Dohaeris… todos los hombres deben servir.

 

Pancho Crespo Quintero

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Estupenda esta nueva entrega que reitera, de forma más detenida, la interesante relación entre la Edad Media y Game of Thrones. Irónicamente, a pesar de la distancia temporal entre esa época y la actualidad, a ratos, ciertas miserias y conductas comentadas de “desenfrenadas extravagancias”, me sitúan en los tiempos que corren…

    1. Nuevamente, muchas gracias Mercedes por ser tan fan y seguir nuestras publicaciones.

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