Por qué nos gusta tanto Game of Thrones (I)

Por qué nos gusta tanto Game of Thrones (I)

Entre el juego y las batallas vivimos la vida: Y mientras las piezas se movían, entre sigilos y evidencias, ardores, traiciones, escondrijos, y las batallas iban dejando extendidos regueros de cadáveres y cenizas, nuestras vidas, las de los espectadores, se fueron rearmando emocionadas en un viaje por capítulos que en horas transitaban muchos cientos de años. Nos hicimos navegantes expertos, alquimistas y herbolarios, lectores en las bibliotecas de La Ciudadela, cambiamos de pieles, nos convertimos en árboles, lobos, cuervos y dragones, vimos la vida desde la muerte con ojos azul transparente, lo vimos todo, todo lo que le ha pasado a todos, todo lo que está pasando ahora, todos los pedazos, los fragmentos, bebimos vinos y venenos por igual, estuvimos en burdeles y en templos por igual, amamos y odiamos como si fuera la misma cosa y como si no hubiese otra cosa que hacer.

Fue en abril de 2011, cuando reconstruimos nuestra geografía y se nos descubrió Poniente como un Continente real en el que familias reales se enfrentaban entre sí por algo exageradamente real: El poder. Dicho de esta pudiera sonar demasiado simple y conocido, como si nada nuevo hubiese, nada especial; entonces por qué nos aficionamos tanto a Game of Throne, qué fue lo que nos conectó de tal manera, y por qué estamos tan entristecidos ahora que viene el invierno y con él parece que también el fin de todo. El primer capítulo de la serie, en el ahora lejano abril de 2011, ya nos anunciaba lo que está a punto de mostrársenos, en toda su gélida y mortífera plenitud: El Invierno está llegando se titulaba ese capítulo; han transcurrido siete largas temporadas, sesenta y siete capítulos en los que siempre estuvo gravitando este frío, pero durante todo ese tiempo hemos estado ardiendo por el Trono de Hierro.

La certeza postmoderna: Hablar de certeza en la postmodernidad es una especie de oxímoron. La única certeza en la postmodernidad es que la certeza no existe, probablemente ahí radique parte de su encanto, no es nuevo aquello de que la inseguridad tiene sus atractivos. En una especie de juego de espejos aventuraríamos decir que uno de esos encantos en GOT es que sus realidades no son “tan” reales. Las “realidades reales” propician una especie de certeza respecto al desenvolvimiento de las historias, es decir, no conocemos lo que va a pasar pero sabemos lo que va a pasar, de esa manera el espectador tiene un cierto dominio sobre la trama; gana en seguridad pero pierde en sorpresas, lo cual a su vez contribuye a restar interés y a hacer del espectador exclusivamente un receptor. Al contrario, los seguidores de GOT lo somos porque también nos convertimos en emisores, aportamos a la trama, la reconstruimos, generamos teorías, explicaciones, hipótesis, supuestos, hasta hacemos apuestas. Muchas veces, al finalizar el capítulo quedamos con la sensación de que nada había pasado, pero también con sensación de que “algo va a pasar”, y ese “algo” empezaba a moverse, a construirse en nuestra mente con los créditos finales de cada capítulo.

Vienen a mis recuerdos dos momentos: Uno, el Cuervo de los Tres Ojos le dice a Brandon Stark, no podrás caminar nunca más, pero podrás volar. Dos, cuando Jon Snow resucita, le preguntan –¿Qué recuerdas? ¿Qué viste en el mundo oscuro?- Y él responde –nada-. Dos agujas sacadas azarosamente con pinzas de un enorme pajar para mostrar el incentivo a la imaginación: Cómo podrá volar Brandon (en lo sucesivo vimos que sí puede hacerlo); de verdad no vio nada Jon en su viaje a la muerte, o lo que vio fue precisamente a la muerte y no tiene palabras para decirlo, o no quiere (aunque regresó convencido de que la muerte existe, y viene, y debe combatirla).

En esto de la certeza postmoderna contribuye, entre otras cosas, la indefinición moral de los personajes (“indefinición moral” es una característica de la postmodernidad). Las primeras series montaban sus tramas en personajes claramente definidos en lo moral, la dinámica siempre era la sempiterna lucha de “los buenos contra los malos”, arquetipos fácilmente identificables, claridad que refuerza lo dicho anteriormente respecto al espectador como solo receptor. La indefinición moral de los personajes es una característica de (casi) todas las series contemporáneas, y GOT ha mostrado de manera muy inteligente esto (y ha tenido tiempo de sobra para desarrollarlo). Poquísimos han sido los personajes sin variantes morales, sin aristas en su condición de malo o bueno; intento precisarlos según los he visualizado: Jofrey Baratheon y Ransey Bolton por el lado del mal, y Ned Stark por el lado del bien… nadie más ¿no les parece?.

Desde que se crearon las series televisivas (todas las series lo son), lo que éstas generalmente han narrado es sagas familiares, y si de sagas familiares se trata, GOT es un compendio de ello. Las películas básicamente narran hechos, las series leyendas; es una cuestión simple de tiempo, quiero decir, de horas de narración. Las leyendas mientras más largas más leyendas son… y más atractivoadictivas, y si nos ponemos curiosos, GOT es una leyenda de más de 10 mil años (12 mil años atrás llegaron los Primeros Hombres a Poniente, donde ya, se pierde en el tiempo, existían unos “aborígenes” llamados Niños –o Hijos- del Bosque; la casa Stark viene de allá muy lejos, y Jon Snow, que como ahora todos sabemos es un Targaryen Stark también viene de allá muy lejos en el tiempo y en los lugares). Leyenda es una hermosa palabra, por su sonoridad y su(s) significado(s). Leyenda es sinónimo de Mito. GOT juega velada y/o abiertamente con mitos muy antiguos, mitos que la contemporaneidad, pretendiéndolo o no, no ha podido erradicar. Estamos convencidos que ahí radica la (principal) fuerza de GOT, su gancho de acero varylio, pues, como diría Mircea Eliade: “los mitos conservan el recuerdo de aquella época fabulosa en que vivían hombres dotados de facultades y poderes extraordinarios, casi semidioses” … lo que todos soñamos ser, lo que todos tememos ser. (Continúa)

 

PANCHO CRESPO QUINTERO

Esta entrada tiene 4 comentarios

    1. ¡Muchas gracias por tu comentario!

  1. Quisiera colocar muchos «Me encanta» a este nuevo texto de Pancho Crespo Quintero que continúa motivando nuestro acercamiento a la serie más allá de la leyenda narrada. «Por qué nos gusta tanto Game of Thrones (I)», nos aporta elementos para el diálogo; nos sitúa en ese espacio de comprensión (de interrogación y búsqueda) que hace posible la resignificación; nos «propone» rutas de lectura. Cada quien escogerá la suya, sin duda. De eso se trata…

    1. Wow, muchísimas gracias Mercedes. Nos encanta que nos lean fans de la serie… y de eso se trata, de que cada quien saque sus propias conclusiones 😉

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